Por: Alfredo Pablo Espeche

Actualmente nos encontramos ante una grave falencia que se acentúa con los años, debido al vertiginoso avance de la tecnología y el uso nocivo de un seudo-lenguaje, me refiero a la lectura.

Hoy lamentablemente se han dejado en el olvido y en casi completa obsolescencia el uso de libros en papel y la visita a bibliotecas.

Se está perdiendo, aún en instituciones educativas el placer de la lectura, con tareas cada vez más cortas, lectura brevísimas y la no corrección de los errores ortográficos que lamentablemente se convierten en vicios de arrastre y salen a la luz aún en alumnos avanzados de carreras universitarias.

Hoy lo poco que se lee es por una mera obligación, por cumplir medianamente con puntos de un programa, ya no se busca leer como una fuente de conocimientos, desestimando que la lectura da su aporte fundamental al conocimiento, en forma directamente proporcional al tiempo dedicado a la misma.

Pero el punto clave es ¿cómo leemos?

A menudo los jóvenes lectores no pueden avanzar por no entender el significado de algún término y peor aún, no saber el uso correcto de un diccionario.

Debemos entender que leer no es tan sólo transformar signos o letras en sonidos, leer implica un trabajo más arduo y es el de interpretar lo que nos quiere comunicar el autor, a su vez el ejercicio constante de la buena lectura nos hace cada vez más veloces, llegando con la práctica a leer de 500 a 1.000 palabras por minuto.

En conclusión, sólo conseguiremos mejorar nuestra comprensión lectora con práctica constante y sistemática, mientras aprendemos a disfrutar de la misma.

 

Alfredo Pablo Espeche

República Argentina

alfpaes@gmail.com