Por: Fabián Andrey Zarta Rojas

Generalmente al despertar siempre reviso los principales portales de noticias en el país y desde luego los de la región, seguido de una breve vista a los correos que llegan a la madrugada o el día anterior. Casualmente, me enviaron uno, desde una entidad para que presentara algún tipo de creación o arte de mi autoría, en alguna de las categorías que se me ofrecía. En este caso, la más acorde era la de cultura, en la cual decidí enviar algunos de los discursos más relevantes del último año. Hice un par de correcciones y finalmente envié los escritos.

Luego, recibí una llamada por parte de la organizadora, donde señaló que la escritura, letras y “ese tipo de cosas” no estaban catalogados como arte o cultura. Desde ese día me he venido cuestionando sobre el papel de la escritura en aquellas personas que no hacen uso constante de ella, me refiero a las ciencias que no tienen como fundamento la elaboración de documentos, textos, escritos. Por qué se quiera o no:

“El leer hace completo al hombre, el hablar lo hace expeditivo, el escribir lo hace exacto.” Como lo afirma Francis Bacón.

Ahora bien, ¿cómo es posible que no se considere desde cualquier nivel o área del conocimiento la escritura como arte o cultura? Aquí es cuando me pregunto si el Nobel de Literatura y los premios de retórica los entregan sólo porque les pareció linda la caratula del libro o simplemente por hacer una ceremonia sin sentido alguno.

Con plena seguridad cualquier profesional de las letras se ofendería con este tipo de comentarios, puesto que el simple hecho de la redacción es un arte, porque requiere rigurosidad y arquitectura, como también pensar de manera clara lo que se quiere trasmitir, de no ser así, los escritos contemporáneos estarían andando en muletas. Varios autores como por ejemplo Eduardo Torres en su decálogo de 1978, afirma que:

“Aunque no lo parezca escribir es un arte; él ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, qué es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche”.

Aquí el problema está entonces en la falta de apreciación, fundamento y objetividad por parte de aquellas personas que consideran el mundo de las letras como algo banal, cuando de hecho, hacen uso contante de ellas de forma inconsciente; de manera que estas personas, a quienes parece que la escritura no tiene sentido, estando sobrios o lucidos jamás tendrán el argumento suficiente para entablar una conversación amena, enviar una carta coherente o al menos con cohesión.

Con lo anterior, se evidencia de manera clara que la escritura transciende desde el papel hasta la praxis cotidiana, por este y muchos más motivos no se puede permitir que la escritura se juzgue por quienes carecen de bases o principios en esta ciencia; esto mismo opinaba el filósofo francés Jean Paul Sartre al decir que:

“No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan”.

De manera que para ser un buen escritor, hay que estudiar las letras, tarea que no es nada fácil…, pero tampoco es imposible.

En últimas para quienes no se sienten identificados con las letras, la mejor opción es no tildarla como si fuese una ciencia o disciplina lejana e intocable; por el contrario, para aprender a ser un amante de las grafías sólo se requieren dos cosas:

  • La primera, tener pasión por ellas.
  • La segunda compromiso para aprender de manera constante a perfeccionar el método y técnica escritural.

Con todo esto lo que quiero decir es que:

“La gloria o el mérito de algunos hombres es escribir bien; la de otros no escribir nada”. Como lo aseveraba jean de la Bruyere.

Fabián Andrey Zarta Rojas

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Ibagué-Tolima